
Empecemos por lo más sencillo. Estás en la playa, sentado en una toalla e intentando relajarte entre tanto murmullo que se oye en las playas; o bien estás solo y tratas de divertirte un rato.
Entonces coges un poco de arena y la haces caer de tu mano, después comienzas a hacer surcos por la arena, a dejar que tus dedos marquen su silueta en la misma y hacer un camino que sólo tus manos son capaces de hacer.
Sin darte cuenta te has olvidado de tus pensamientos, del tiempo, de todo, y te has centrado en ese “juego” que tanto placer te estaba dando, que, aunque sin crear un dibujo exacto, has hecho algo que te ha gustado.