10 Nov 09

Hace algunos años, cuando estudiaba en el instituto, mi profesor de biología reprendió a un compañero porque estaba comiendo un chicle y, si bien no lo teníamos prohibido, si que nos comentó lo mal que hacíamos al comer chicle.

El profesor nos explicó que al masticar el chicle lo que hacemos es producir saliva y activar el sistema digestivo de modo que, en el estómago, comenzaban a segregarse los líquidos corrosivos y, si éste está vacío, ese “ácido” podía hacer daño a las paredes del estómago.

Creo que fue eso mismo lo que hizo que en su clase nadie comiera chicle y también se redujo el consumo del chicle en toda la clase, quizás porque algo de razón llevaba.

Sin embargo, también se dice que los chicles, si te los tragas, estarán mucho tiempo en el estómago porque son malos y no se pueden digerir bien. Bueno, eso es falso. El estómago es lo bastante fuerte como para poder digerir el chicle si bien has de saber que es más difícil de digerir y, si se consumen muchos en un día, podemos tener dolor de estómago unas horas (ya que al tener que ser más persistente, es posible que nos acabe doliendo por algo).

Lo que si es seguro es que a los niños pequeños hay que inculcarles que no es bueno comer demasiado chicle y tampoco tragárselo porque en ellos puede producirse un taponamiento y asfixiarlos.

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2 Responses to “Historias sobre el chicle”

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